En el marco del Día Internacional de la Mujer, World Archery Americas reconoce la trayectoria de mujeres que han dejado huella en el tiro con arco. Ya sea desde el campo de juego, el arbitraje, la dirigencia o la formación de nuevas generaciones, su trabajo ha sido clave para el crecimiento del deporte en América.
En el mundo del deporte paralímpico, algunas figuras emergen como ejemplos de perseverancia. Ana María Tenorio, arquera paralímpica mexicana, es una de ellas. Su trayectoria en la para-arquería no solo la ha llevado a la élite del deporte, sino que también ha inspirado a nuevas generaciones de atletas con y sin discapacidad a perseguir sus sueños.
Antes de destacar en el tiro con arco, Tenorio también practicó atletismo en pista y campo en distintas modalidades, como carreras en silla de ruedas, lanzamiento de bala, disco y jabalina. También natación y básquetbol en silla de ruedas. Pero para ella, el mayor logro de su carrera deportiva fue cuando se convenció de que había nacido para el tiro con arco.

Un camino de determinación y esfuerzo
Ana María descubrió el tiro con arco en 1973, cuando ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México. Aunque al principio no le gustaba, su entrenador Sergio Durán la motivó a entrenar con disciplina, lo que la llevó a destacar rápidamente. En 1975, ganó una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Silla de Ruedas, un logro que la consolidó como una de las mejores deportistas de México.
Sin embargo, su camino en el deporte no fue fácil. Desde niña enfrentó barreras debido a la falta de accesibilidad en la educación y la sociedad. “Cuando entré a la primaria en una escuela pública normal, nunca me dejaban bajar al patio. Me quedaba cuidando el salón o las mochilas mientras veía a los demás jugar”, recordó Tenorio. Su vida cambió cuando ingresó a una escuela para niños con discapacidad motriz, donde tuvo su primer acercamiento con el deporte. “Un día llegó un profesor de educación física y nos dio un balón para jugar. Fue una emoción tremenda, algo maravilloso”, relató sobre su inicio en el básquetbol en silla de ruedas.
El tiro con arco representó un desafío distinto, ya que exigía concentración y paciencia, pero con el tiempo aprendió a verlo como una herramienta de transformación. “De verdad no me gustaba el tiro con arco, porque era un deporte de mucha concentración y sobre todo no podíamos hablar ni animar a los competidores. Teníamos que estar siempre calladitos, quietecitos”, admitió. Sin embargo, gracias a la insistencia de su entrenador, lo convirtió en su pasión y en su mayor logro deportivo.

Logros y legado
Tenorio ha tenido una larga carrera en el tiro con arco desde los años ‘70 hasta la fecha. Representó a México en los Juegos Panamericanos de Silla de Ruedas en 1975 y 1978, además de los Juegos Paralímpicos de Toronto de 1976 y de Arnhem 1980. En contraste, en 2018, compitió en el Campeonato Parapanamericano donde ganó una medalla de plata en equipos mixtos, demostrando que su talento y pasión por el deporte siguen vigentes décadas después de su debut.
Su influencia ha trascendido generaciones, ya que sus hijas Ana Ivette y Sandra Loza Tenorio también se han destacado en el tiro con arco. Ana Ivette ganó oro en el Campeonato Panamericano del 2000, mientras que Sandra es actualmente entrenadora, formando nuevos talentos, como el arquero paralímpico Samuel Molina. “Mis hijas nacieron amando este deporte y lograron destacar a este nivel”, dijo con orgullo Tenorio.

Inspirando a futuras generaciones
La historia de Ana María Tenorio es un recordatorio del impacto del esfuerzo y la resiliencia. Además, ha abogado por la inclusión en el deporte adaptado, destacando la importancia de la accesibilidad. “Como sea uno se adapta y se las ingenia para poder hacer frente a las barreras arquitectónicas, sin embargo sí creo que esto es una gran barrera para muchas personas con discapacidad.” afirmó Tenorio.
Tenorio también opina que la visibilidad de los atletas con discapacidad en los medios de comunicación es otra de las dificultades que enfrentan. “La falta de cobertura en los medios hace que haya desconocimiento y eso genera miedo. Miedo a invertir en proyectos que incluyan a personas con discapacidad porque piensan que no podemos.”.
El tiro con arco le ha permitido enseñar y compartir la “magia” de este deporte con personas con y sin discapacidad, fomentando valores como la disciplina, el respeto y la perseverancia. “Mi más grande logro es dejarles esta herencia a mis hijas y a otros que comparten la misma misión que la vida me ha dado: ser arqueros para transformar y ayudar a la comunidad a través del tiro con arco”, concluyó.
Su mayor legado no es solo su éxito en la competencia, sino su contribución a la transformación del deporte adaptado en México y su papel en la inspiración de nuevas generaciones.
